Las 10 Leyes de la Simplicidad (Parte 1 de 2)

Julio 30, 2019

John Maeda es un experto en diseño y tecnología que en su libro “The Laws of Simplicity” nos presenta diez reglas para adoptar un modelo de simplicidad en lo que hacemos, el cual podemos aplicar en el diseño, en los negocios, en diversos procesos, e incluso en nuestro día a día. Al igual que su filosofía, el libro es corto, breve, pero conciso.

Hace muchos años lo leí y aprendí principios que sigo utilizando en mi trabajo hasta la fecha. Es por esto que me gustaría compartirles un breve resumen de cada ley, además de invitarlos a que lean este libro.

Reducir

La forma más simple de llegar a la simplicidad es reduciendo conscientemente.

La primera regla para alcanzar la simplicidad parece ser la más obvia, Reducir. Maeda nos sugiere “encoger” las cosas. Hoy en día nos fascina ver las posibilidades o capacidad que un objeto pequeño puede tener. Claros ejemplos de esto son los “smart watches”, las laptops cada vez más compactas, o los monitores de ejercicio. También podemos reducir al “esconder” elementos. Los usuarios o clientes no necesitan saber cómo opera el back-end, o abrumarse con muchas opciones. Tal como lo es la navaja de Swiss Army, una herramienta muy compleja y con ella podemos hacer más cosas de las que realmente hacemos, pero al mostrarla solo se presenta la herramienta principal.  que queremos usar.  Por último, Maeda, recalca la importancia de “personificar” y dar valor al objeto o al servicio. El usuario o cliente debe de poder percibir el valor de lo que se le está ofreciendo, ya sea de forma tangible o intangible.

Organizar

La organización hace que un sistema de muchos elementos se vea más sencillo

El organizar un sistema de muchos elementos de forma eficiente hace que este parezca que cuenta con menos. Este principio difiere del primero por el hecho que este no pretende presentar al usuario pocos elementos, si no organizarlos de tal forma que se perciba que con lo que están interactuando es más sencillo y fácil de procesar. Da el ejemplo del iPod. Al principio el iPod contaba con varios botones acomodados de una forma no tan sencilla. Después de varios cambios en el diseño se logró mejorar el acomodo y uso de los botones, aprovechando el espacio disponible y logrando una experiencia más agradable para el usuario. ¿Pero cómo organizamos nuestros procesos, nuestros diseños o servicios? Maeda nos sugiere seguir los siguientes pasos:

  • Ordenar los elementos o tareas en grupos

  • Asignar un nombre a cada grupo

  • Integrar o juntar grupos que se puedan

  • Dar prioridad a cada grupo

Tiempo

Al ahorrar tiempo sentimos que algo es más simple

El simple hecho de ahorrar tiempo en algo lo hace más simple, o al menos nos hace sentir que es más simple. Un claro ejemplo de esto es la navegación en línea. Es importante simplificar el camino de navegación para que los usuarios inviertan menos tiempo tratando de encontrar algo o llenando una solicitud, para que no sientan que están desperdiciando el tiempo o invirtiendo más del que están dispuestos. Pero el tiempo de una actividad no solo se puede reducir, también se puede esconder y representar. ¿Cómo se esconde el tiempo? Un ejemplo que nos da el autor son los casinos. Estos lugares no cuentan con ventanas ni con relojes, lo cual distorsiona nuestra percepción del tiempo, y si nos estamos divirtiendo, no vamos a sentir que el tiempo pasa.

Representar el tiempo es algo que ayuda a comunicar al usuario que algo está sucediendo mientras se está esperando. Las barras de progreso en las computadoras son un claro ejemplo. Antes de la existencia de las barras de progreso no teníamos forma de saber si nuestra computadora estaba procesando algo o si se había congelado o inhibido. La barra de tiempo nos da un punto de inicio, un estado actual y un punto final de espera para la actividad que estamos realizando. Esto no nos ahorra tiempo, pero al menos nos hace sentir en control o al tanto de lo que está sucediendo.

Aprender

El conocimiento hace que todo sea más simple

Percibimos que las cosas son más sencillas si las entendemos y sabemos cómo funcionan. Para esto hay que facilitar el proceso de aprendizaje de los usuarios acerca de nuestros productos, procesos y servicios. Para ayudar a los usuarios o clientes a aprender Maeda sugiere seguir los siguientes pasos:

  • Ponernos en el lugar de alguien que está aprendiendo por primera vez

  • Repetición. Esto nos ayuda a familiarizarnos con un proceso o una actividad. Entre más nos familiarizamos, más sencillo será el proceso.

  • Evitar que se desesperen. Es muy importante no empujar a los usuarios a algo que no conocen, sino de lo contrario, hacerlo paulatinamente.

  • Hay que inspirar con ejemplos que motiven a los usuarios a querer aprender.

  • Repetir lo que dices y haces.

Todo esto nos lleva a la importancia de que nuestros diseños, procesos y estrategias sean intuitivas y que ayuden a llevar a los usuarios y clientes de la mano.

Diferencias

La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí

Maeda nos presenta un punto muy importante cuando habla de la diferencia entre Simplicidad y Complejidad: no podríamos reconocer la simplicidad sin antes conocer la complejidad. En otras palabras, para que un usuario o cliente puedan apreciar la simpleza en el diseño o en algún proceso, debe de haber experimentado lo complejo que puede ser el diseño con el que interactúan o el proceso que están siguiendo.

Si algo es demasiado simple, el usuario o cliente puede llegar a restarle importancia o mérito, mientras que si algo es muy complejo se puede frustrar y perder interés. Es importante lograr un balance entre ambos, ya que entre ellos se complementan, la complejidad ayuda a que apreciemos la simplicidad, y viceversa.

Fuentes:

Maeda, J. (2006). The laws of simplicity. Cambridge, MA: MIT Press.